Entre 2015 y 2019, la ciudad de Bakú albergó uno de los cultos urbanos más enigmáticos del Cáucaso: Los Peregrinos de Luz. El grupo operaba en las sombras del sistema de Metro de Bakú, aprovechando las estaciones abandonadas y los túneles sin terminar que atraviesan el subsuelo de la capital petrolera. Según testimonios de antiguos miembros entrevistados años después, la secta estaba dirigida por un hombre conocido solo como "el Guía", quien predicaba una fusión sincrética entre el islam popular, el sufismo y lo que describían como "mensajes de entidades que habitan las profundidades de la tierra".
El reclutamiento ocurría principalmente entre jóvenes vulnerables del barrio de Balajari, una zona densamente poblada al norte donde confluyen migrantes internos y familias de trabajadores petroleros. Los iniciados eran conducidos durante la noche a través de los accesos secundarios del metro, donde participaban en rituales que duraban horas: cánticos en un idioma desconocido, procesiones circulares en las plataformas desiertas y la ingesta de bebidas herbales preparadas por mujeres ancianas del grupo. Los antiguos miembros describían un estado de trance durante estas ceremonias, sensación de levitación y visiones de ciudades subterráneas de luz blanca.
La desaparición
En marzo de 2019, tras una redada de la policía local motivada por denuncias de desapariciones de menores vinculadas al grupo, el Guía desapareció. Su última aparición confirmada fue en la estación de metro Ulduz, un viernes por la noche. Los oficiales que ingresaron a los túneles hallaron tres salas de ritual adornadas con símbolos geométricos en las paredes, velas consumidas, pieles de animales y decenas de libretas con nombres y fechas escritas en una caligrafía obsesiva. Pero del Guía, ni rastro. Sus seguidores más cercanos afirmaban que "había ascendido" y que pronto regresaría desde "la ciudad inferior".
Lo que ocurrió después fue tan desconcertante como la desaparición misma. Dentro de cuarenta y ocho horas, aproximadamente sesenta miembros del culto se dispersaron espontáneamente. Algunos retornaron a sus hogares como si despertaran de un sueño profundo, sin recordar detalles de su participación. Otros simplemente no fueron hallados. Las autoridades cerraron los accesos no autorizados del metro y declararon el asunto resuelto, pero archivos no clasificados filtrados años después muestran que los investigadores nunca identificaron completamente la red del grupo ni explicaron las circunstancias de la desaparición del Guía. En las paredes de aquellas salas subterráneas, los expertos encontraron marcas de quemaduras en patrones geométricos que no podían haber sido causadas por velas ordinarias.
Hoy, Bakú sigue siendo una ciudad de contrastes donde la modernidad convive con tradiciones antiguas y mal comprendidas. Los trabajadores del metro hablan entre susurros de sonidos extraños en los túneles entre Ulduz y la siguiente estación. Pasajeros ocasionales reportan encuentros fugaces con figuras en túneles que oficialmente no existen. El caso de Los Peregrinos de Luz permanece abierto en los archivos de la policía de Bakú, una cicatriz urbana que la ciudad prefiere no examinar demasiado de cerca.