Los cortes de luz en Bakú no son infrecuentes. La ciudad, construida sobre la riqueza petrolera y sus tensiones geopolíticas, sufre cada invierno interrupciones en el suministro eléctrico que pueden durar horas. Pero desde hace aproximadamente siete años, los residentes de los barrios céntricos —especialmente en torno a la Avenida Neftchilar, donde los rascacielos futuristas contrastan con edificios soviéticos en decadencia— han reportado algo más que inconvenientes domésticos. Durante cada apagón prolongado, testigos independientes describen la misma presencia: una forma erguida, sin contornos definidos, que se desplaza entre los edificios con una velocidad anómala. Nadie ha logrado fotografiarla. Los teléfonos dejan de funcionar cuando intenta hacerlo.
El primer registro sistemático proviene de Leila M., conductora de los antiguos trolebuses rojos que aún circulan por la ciudad. En una noche de noviembre de 2017, durante un apagón de más de cuatro horas, reportó haber visto la criatura desde su vehículo detenido en la estación Sahil. Describió una silueta de aproximadamente dos metros y medio de altura, compuesta por lo que ella llamó "oscuridad concentrada", como si la negrura misma se hubiera condensado en forma humanoide. Lo más perturbador: sus ojos, o lo que sus testigos interpretan como tales, brillaban con una luminiscencia rojiza, el color de las llamas de gas que arden constantemente en las Montañas de Fuego de Absheron, las colinas ardientes cercanas a la ciudad. Cuando Leila intentó encender su teléfono para grabar, este se apagó de manera irreversible, pese a que posteriormente funcionó sin problemas.
El patrón de avistamientos
Desde entonces, reportes similares se multiplicaron. En 2019, un grupo de estudiantes de la Universidad Técnica de Bakú documentó 23 avistamientos durante un mes particularmente inestable en el suministro. La criatura nunca actúa de forma agresiva directa; simplemente está presente, moviéndose entre los edificios de la Avenida Neftchilar como si patrullara territorio. Algunos afirman que aparece con mayor frecuencia en noches donde la temperatura cae bajo cero, cuando el contraste entre la oscuridad exterior y los intentos desesperados de las personas por encender velas e iluminarse es mayor. Otros, más esotéricos, sugieren que se alimenta de la energía eléctrica interrumpida, que sus apariciones son síntomas de una ciudad que transgrede límites urbanos prohibidos sobre el territorio antiguo de un Imperio sasánida.
La explicación oficial de las autoridades es escueta: fenómenos ópticos derivados de la fatiga durante los apagones, alucinaciones inducidas por el pánico. Pero los reportes persisten. En 2023, un ingeniero de la compañía de electricidad estatal confesó, de forma anónima, que durante su inspección nocturna en la subestación de Sabashvili observó una presencia que coincidía exactamente con las descripciones públicas. No duró más de tres segundos, pero fue suficiente para que decidiera solicitar un traslado permanente. La criatura desapareció cuando las luces se restauraron.
Hoy, mientras Bakú continúa modernizándose y los apagones se hacen menos frecuentes gracias a inversiones en infraestructura, los avistamientos disminuyen. Pero en los barrios más antiguos, donde la red eléctrica sigue siendo frágil, la gente espera el próximo corte de luz con una mezcla de miedo y resignación. Y en las redes sociales de la ciudad, alguien siempre pregunta: ¿cuándo volverá a aparecer?