Archivo Nocturno · Sucesos sin resolver

La grieta que llegó con la muerte en Casablanca

Relato de ficción: los personajes, lugares y hechos son inventados.

La grieta que llegó con la muerte en Casablanca

La medianoche del 14 de octubre de 1987 cambió para siempre el barrio de Hay Mohammadi en Casablanca. En las calles cercanas a la Avenue Hassan II, donde los tranvías rojos transportan multitudes durante el día, ocurrió un crimen que las autoridades nunca resolvieron por completo. Un hombre fue encontrado en los sótanos del edificio Mansour, estructura colonial de cuatro pisos que se erguía como monumento arquitectónico desde principios del siglo XX, con sus arcos de herradura y azulejos zellige intactos en la fachada oriental.

Lo extraordinario no fue el homicidio en sí —la ciudad portuaria había conocido violencias peores—, sino lo que sucedió en el preciso momento en que el cuerpo fue descubierto. Los vecinos reportaron un sonido ensordecedor, una especie de lamento que atravesó la noche. A la mañana siguiente, una grieta perfectamente vertical apareció en la fachada principal del edificio Mansour, partiendo limpiamente desde la cornisa hasta el nivel de la calle. El agrietamiento medía aproximadamente treinta metros de largo y apenas cinco centímetros de ancho, como si algo desde adentro hubiera empujado con una presión calculada. Los ingenieros que inspeccionaron la estructura no encontraron explicación estructural: los cimientos eran sólidos, no había movimiento sísmico registrado esa noche, y no existían explosiones o trabajos de demolición en la zona.

El expediente suspendido

La investigación sobre el crimen llegó a un punto muerto en cuestión de semanas. El difunto fue identificado como un comerciante de especias de mediana edad sin enemigos conocidos. No había signos de robo, no hubo testigos confiables, y los registros de entrada y salida del sótano resultaron ambiguos: al parecer, alguien había borrado las anotaciones de la noche del incidente. La policía marroquí cerró el caso clasificándolo como "muerte accidental durante actividades ilícitas indeterminadas". Pero la grieta permanecía, obstinada, visible desde la calle, imposible de ignorar.

El edificio Mansour nunca fue restaurado completamente. Los propietarios posteriores intentaron sellar la grieta en dos ocasiones durante los noventa, pero ambas reparaciones se agrietaron nuevamente semanas después. Con el tiempo, los comerciantes locales que trabajaban en los pisos inferiores reportaban sonidos extraños durante las noches nubladas: pasos en los sótanos, puertas que se abrían solas, y ocasionalmente, el mismo lamento que escucharon hace décadas. En 2003, un documentalista amateur filmó lo que aseguraba ser una sombra que se movía tras las grietas, aunque la grabación era demasiado borrosa para confirmar nada.

Hoy, el edificio Mansour sigue en pie, su grieta como una cicatriz permanente en el rostro de Casablanca. Los tranvías pasan frente a él, los turistas fotografían sus arcos, pero pocos saben de la noche en que un crimen y una grieta inexplicable llegaron juntos a la medianoche. Los archivos del caso fueron digitalizados en 2015, pero las notas finales permanecen selladas por orden judicial. La pregunta persiste: ¿qué presión invisible fue capaz de abrir el edificio justo cuando se encontraba el cuerpo? ¿Y por qué esa grieta se niega a cerrarse?

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