El 15 de octubre de 2019, Sophie Blackwell, una turista de 28 años procedente de Sídney, Australia, se hospedaba en el Hotel Gellért, ubicado en la orilla del Danubio. Según los registros del establecimiento, Sophie había pasado la tarde visitando los Baños Termales Széchenyi —ese complejo de aguas humeantes que atrae a miles de visitantes cada año—. Al caer la tarde, manifestó su intención de caminar hacia la cercana Avenida Andrássy para comprar algunos souvenirs antes de cenar. Eran las 18:47 cuando salió por la puerta principal del hotel. Nunca volvió a entrar.
La desaparición no fue reportada hasta el día siguiente, cuando Sophie no se presentó a su vuelo de regreso. La policía húngara revisó las cámaras de seguridad de la zona. Lo que encontraron resultó perturbador: las imágenes mostraban a Sophie caminando por la Avenida Andrássy, esa arteria elegante flanqueada por mansiones del siglo XIX y palacios neoclásicos. En un fragmento de video, se la ve deteniéndose frente a una tienda de antigüedades cerrada, mirando algo en el escaparate. En el siguiente fotograma, grabado apenas tres segundos después, Sophie ya no estaba. No había entrado a ningún edificio, no había girado en una esquina: simplemente había desaparecido del encuadre como si se hubiera disuelto en la luz del atardecer.
La búsqueda infructuosa
Las autoridades húngaras organizaron un operativo de búsqueda exhaustivo. Perros rastreadores fueron llevados a la Avenida Andrássy, pero los perros ladraban confundidos en el punto exacto de la desaparición, como si el rastro olfativo de Sophie se interrumpiera abruptamente. Se drenó una sección del Danubio cercana; se revisaron alcantarillas y catacumbas bajo la ciudad vieja. Nada. Los investigadores entrevistaron a todos los comerciantes de la zona, pero ninguno recordaba haber visto a una mujer rubia en ese horario. Más extraño aún: la tienda de antigüedades frente a la cual Sophie fue vista por última vez, había estado cerrada durante dos años. Su propietario vivía en Viena y nunca visitaba el local.
La carpeta de investigación fue cerrada seis meses después sin conclusiones. Sophie Blackwell figura en los registros de personas desaparecidas de Hungría, pero su caso ha caído en el olvido. Sin embargo, los taxistas que trabajan en la zona aún hablan en susurros sobre la "dama del video", especialmente cuando sus pasajeros deben pasar por la Avenida Andrássy al atardecer. Algunos conductores del tranvía 4 y 6 —que circulan por esa avenida— han reportado a lo largo de los años que ciertos días, cuando la luz dorada toca las fachadas de los antiguos palacios, ven a una mujer rubia de pie en el mismo punto, mirando hacia ningún lugar. Cuando se acercan, ella desaparece.
Hasta hoy, nadie sabe qué ocurrió con Sophie Blackwell entre esos tres segundos de video. ¿Fue un error técnico? ¿Un agujero en la realidad? ¿O Budapest simplemente decidió guardar uno de sus secretos?