Durante más de 20 años mi vida fue la radio, la televisión y el cine. Ahí aprendí a contar historias, a hablarle a una audiencia y a dar lo mejor cuando la luz roja se enciende. Un día me di cuenta de que el mundo en el que había crecido estaba cambiando, y que yo también tenía que cambiar.
Lo que ya sabés no se pierde
Cuando uno siente que tiene que empezar de nuevo, aparece el miedo a perder todo lo que construyó. Pero reinventarse no es borrar lo anterior. Todo lo que aprendí en los medios viajó conmigo: escuchar, escribir, editar, saber qué le importa a la gente. Lo que cambió fueron las herramientas, no el oficio.
Aprender de nuevo también es un talento
No estudié programación ni marketing digital. Aprendí por mi cuenta, preguntando, probando y equivocándome. Al principio se siente incómodo, como volver a ser principiante después de años de ser el que sabía. Pero esa incomodidad es la señal de que estás creciendo.
Cuatro cosas que me ayudan
- Dar un paso chico. No hace falta cambiarlo todo de golpe. Con uno alcanza para empezar.
- Rodearme de buenas herramientas y buenos aliados. Nadie hace este camino solo.
- Animarme a mostrar lo que hago aunque no esté perfecto. Lo perfecto casi nunca sale.
- Recordar por qué empecé. Cuando dudo, vuelvo a esa pregunta.
Lo que quiero decirte
Si sentís que tu momento cambió, o que te toca aprender algo que nunca imaginaste, no estás tarde. No hay una edad para reinventarse ni un título que lo autorice. Tenés una historia, un oficio y ganas, y con eso ya alcanza para dar el primer paso.
Yo sigo en camino. Si esto te movió algo, contame qué vas a empezar. Me encantaría leerte.